domingo, 7 de diciembre de 2014

Un juego divertido



En este nuevo blog me gustaría compartir con ustedes la fantástica experiencia de la creación literaria de un humilde escritor novato, así como las aventuras y desventuras que le acompañan, a través de la reciente publicación de mi libro Esse Imaginaria..lectura difícil para mentes complicadas, no apta para consumidores de aventuras, dedicada a descifradores de realidades encriptadas..



Nunca se me ha ocurrido buscar el éxito, me parece un exceso de confianza innecesario, sin embargo, cuando me encuentro con Woody afirmando esto me viene a la cabeza mi madre diciendo aquello de: "No te preocupes, nadie agrada a todos".  Esa era su manera decirme que no hiciera ni caso de la gente porque es imposible del todo que todos tengan el mismo parecer.

¿Podremos, por favor, dar dos pasos atrás para reconocer el horizonte..???

En Esse Imaginaria no quiero contar una historia o narrar un acontecimiento, tampoco explicar los motivos de nada ni describir un lugar o un paisaje... 
A veces alguien me pidió que hiciese de mi escritura algo más descriptivo y sobrio pero no fue eso lo que yo quise ni sentí.
Podría haberme expresado en sus páginas tal como lo estoy haciendo ahora, pero no era  mi intención en absoluto porque no deseaba "expresarme" no deseaba "comunicar" sólo jugar con las palabras y sus posibilidades, que se me antojan inacabables y divertidas..

Pensar en el lector es inevitable a la hora de escribir pero en este caso mi intención no ha sido distraer ni informar al lector, tampoco gustar sino jugar..

Esse Imaginaria es un juego que nadie está obligado a jugar y un sueño que nadie tiene obligación de soñar..



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Y aquí os dejo, como haré en cada entrada de "Palabras barrocas" otro de mis poetas preferidos de juventud. 

Francisco de Quevedo


"Cerrar podrá mis ojos la postrera"



Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día, 

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;



mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía: 
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa. 

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido 

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado. 




Pincha la imagen para leer un pasaje del libro 
Hoy: Humo respirable

 Hoy, Humo respirable

sábado, 6 de diciembre de 2014

Esse Imaginaria-Un libro y sus comienzos


En este nuevo blog me gustaría compartir con ustedes la fantástica experiencia de la creación literaria de un humilde escritor novato, así como las aventuras y desventuras que le acompañan, a través de la reciente publicación de mi libro Esse Imaginaria (lectura difícil para mentes complicadas, no apta para consumidores de aventuras, dedicada a descifradores de realidades encriptadas).



Durante mucho tiempo leer fue un vicio insaciable: Quevedo y su "cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día", Góngora y su "Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallardía!,¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, de arenas nobles, ya que no doradas...". Todo entonces como ahora y por siempre fue beber Delibes y Gala, Gala y Dostoievski y más Gala... Disfrutar fue y será del juego de las letras sin motivos y porque sí.



Ahora, ya después de juguetear un tiempo con las redes, aprender, enredarme y desenredarme y aprender un poquito más, he tenido la oportunidad de publicar mi propio libro Esse Imaginaria (El ser interior), en el que muestro clara y diáfana la simple complejidad del existir según mi más pronunciada subjetividad; desde mi amada parcialidad, aferrada a la belleza de la imperfección y abrazada al desorden como única tabla capaz, a mi parecer, de liberar las artes de las normas que las enclaustran.


De la brevedad engañosa de la vida
(Góngora)


Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,

que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.

¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.

Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.

Luis de Góngora



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